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El Silencio es...

La capacidad de pensar, sin tener que convencer, ni discutir.
La capacidad de volar sin límites y sin esfuerzo.
La capacidad de caminar sin distraerte y disfrutar del paisaje del camino.
La capacidad de observar con libertad, sin perturbar, ni sentirte perturbado.
La capacidad de oír sin tener que escuchar, ni interrumpir.
La capacidad de ilusionarte, soñar e imaginar sin crear incomodidad.
La capacidad de disfrutar de una flor sin robarle su aroma, ni condenarla a morir.
Y, sobre todo, la capacidad de entender, comprender y verte como eres visto por nuestro Creador. La verdad de Dios sólo se puede conocer en absoluto silencio. Pero no estamos hablando sólo del silencio exterior, sino también del silencio interior.

Si al cerrar tus ojos tu mente está en silencio, la puerta está abierta para entender y poder reconocer la realidad que te impulsa a vivir. Pero si no, es porque necesitas aprender a hacer silencio, a callar todas las voces que te confunden y desorientan para poder oír Su voz con claridad.
"Y por supuesto, sólo en profundo silencio podrás comprender lo que significa todo esto que acabas de leer y, además, disfrutar de toda la sabiduría que Dios nos da".
El sol y el viento

El Sol y el Viento discutían sobre cuál de los dos era más fuerte. La discusión fue larga, porque ninguno de los dos quería ceder. Viendo que por el camino avanzaba un hombre, acordaron en probar sus fuerzas utilizándolas contra el caminante.

–Verás, dijo el Viento, soplaré con tanta fuerza sobre ese hombre, que le quitaré su capa y la arrojaré lejos de él. Comenzó a soplar con furia, pero cuantos más soplaba, el hombre más fuerte sostenía su capa, y con mucho esfuerzo seguía su camino. El Viento enfurecido, se puso de acuerdo con las nubes para que descargaran una tempestad. Cayó tanta lluvia, que pronto todo estaba cubierto por agua, pero el hombre no se detuvo, aferrado a su capa, y a paso firme siguió adelante. El Viento rendido, entendió que no era todo lo poderoso que se creía ser.

El Sol, con una sonrisa, se asomó entre las nubes, mostró su poderoso calor y así de esta manera, el caminante pudo calentar su cuerpo frío y además secar sus ropas.
El Sol le demostró al Viento, que debía reconocer sus debilidades y limitaciones y que no debía ser orgulloso ni pedante, a la hora de confrontar con el poder del universo.

Esta fábula debería hacernos reaccionar en cuanto a cómo actuamos con los demás. La soberbia, la falta de respeto a nuestros semejantes, a las autoridades. Nos creemos como el Viento, que podemos empoderarnos y así llevarnos el mundo por delante. Vemos a diario muertes innecesarias, producto de la altanería, la arrogancia, la intolerancia, las cuales producen consecuencias donde algunos terminan en la cárcel, para cumplir una cadena perpetua, mientras otros en el cementerio.

Deberíamos pensar profundamente acerca de nuestras acciones, pensar antes de actuar, antes de tomar decisiones, ya que si le damos lugar a ese indio salvaje que llevamos dentro, nos puede conducir a un desastre, del cual podemos arrepentirnos de por vida. Tratemos a nuestros semejantes de la misma manera en que nos gustaría ser tratados.

" El tonto está seguro de que hace lo correcto; el sabio hace caso del consejo". (Proverbio 12:15).



 










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